sábado, 11 de agosto de 2012

El bandido malpelo (Ciempozuelos y el cine)



Eukeni Uriarte



El bandido Malpelo (1971) 

Fecha y lugar del estreno: 
En Italia el 9 de Octubre de 1971. 
En España el 29 de Marzo de 1973 (Bilbao), el 23 de Julio de 1973 en Madrid y el 31 de Marzo de 1975 en Barcelona.
Título original: Il lungo giorno della violenza (Italia)
Director: Giuseppe María Scotese
Productor: Eduardo Manzanos Brochero
Duración: 86 minutos
Reparto: Eduardo Falardo, George Carvell, Charo López, José Nieto, Sergio Doria, Giovanni Pallavicino, Miguel Del Castillo, Léa Nanni, Antonio Cintado, Rita Forzano, Rafael Albaicàn, Gian Paolo Santini, Ruggero Salvatori, Rufino Inglés, Antonio Cintado
Guión
: Giuseppe Maria Scotese, Eduardo M. Brochero
Fotografía
: Giampaolo Santini
Música
: Marcello Giombini


 

 
Coproducción italo-española de 1971 en la que intervino el prolífico Eduardo Manzanos Brochero a través de su Copercines, Cooperativa Cinematográfica, junto a una pequeña productora italiana, y que en esta ocasión, para la filmación en exteriores, abandonó su poblado de Golden City y alrededores por los paisajes de Almería y Ciempozuelos buscando una mayor semejanza con la geografía de México, país en donde se desarrolla la acción de la película.

La dirección, en la que fue su única incursión en este subgénero, fue encargada a Giuseppe Maria Scotese, realizador, guionista y pintor con varias películas de aventuras en su haber (entre ellas “Il pirata di Capri” de 1949 codirigida por el injustamente olvidado Edgar G. Ulmer, autor de la imprescindible “Detour” una pesimista road-movie sobre la fatalidad y la imposibilidad de modificar el destino) y querencia por los documentales (su último largometraje de 1983, “Cannibali domani”, se puede encuadrar dentro del denominado cine Mondo, subgénero surgido en los años sesenta y de gran popularidad durante la década de los setenta)



SINOPSIS
México 1914. Diego Medina, un joven revolucionario, es el portador de unos valiosísimos documentos sobre la defensa de la ciudad de Zacatecas necesarios para la conquista de ésta por Pancho Villa. En su intento de hacer llegar los papeles al general topará con un bandolero, Malpelo, que finalmente se convertirá en su principal aliado.

“¡Que viva México!“ era el título inicialmente previsto para el filme, es un aceptable zapata western que especula con los momentos inmediatamente anteriores a la toma de la ciudad de Zacatecas por el ejército villista (junio de 1914), hecho que supuso el golpe definitivo para la presidencia del general-dictador Huerta.

Como solía ocurrir en los zapata westerns y gracias al guión, entre otros, del propio Manzanos y de Scotese, que cuenta con unos diálogos más trabajados de lo habitual, la película sirve para reflexionar sobre la revolución y el valor de la misma como último recurso de las clases más desfavorecidas, en este caso el campesinado, los indios y peones que viven en unas condiciones infrahumanas cuando no son asesinados, para hacer justicia y acabar con unas leyes dictadas por los poderosos con el objeto de perpetuar su poder; al mismo tiempo que se intenta llevar a cabo un paralelismo entre la situación de México a principios de siglo y el estado general del subcontinente sudamericano en la época de la realización del filme en el que proliferaron las dictaduras militares. Incluso se critica la injerencia del gobierno de los EEUU en este subcontinente al afirmar uno de los personajes que el embajador Wilson estuvo directamente implicado en el asesinato de Madero.

Sin embargo, la película, aunque plantea la revolución como única salida para combatir el abuso de poder, es tremendamente crítica con sus resultados, pues generalmente son las clases más desfavorecidas, en principio desideologizadas pero a la postre necesariamente protagonistas de la misma, las que se ven traicionadas sistemáticamente.

El largometraje hace hincapié, a través de la figura de Malpelo, en el proceso de ideologización de las clases oprimidas que, lógicamente, carecen de estudios (el propio Malpelo apenas sabe leer) y, en principio, no aspiran a cambiar la situación sino que ante tanta desmesura se han visto obligados a vivir fuera de la ley (de hecho Malpelo llega a afirmar en un momento dado que “Pancho Villa era también un bandido como nosotros”), subrayándose, de esta forma, la idea de que la línea que separa a los revolucionarios de los bandoleros es muy delgada. De ahí la importancia de una minoría ilustrada que canalice ese descontento, minoría que está representada tanto por Diego, un sobrino de militar y por tanto un burgués perteneciente a la clase dominante que, además, se ha formado en la Universidad de Berkley y representa al intelectual concienciado (ante la afirmación de que sus manos no son las de un trabajador no duda en responder que “No sólo se trabaja con la manos”, frase con la que reafirma cuál es su posición y su verdadera clase social), como de su primer contacto en suelo mexicano, un ex seminarista cuyo posicionamiento ideológico, basado en la condena de la pobreza y en los sistemas que la perpetúan deshumanizando al hombre, entroncaría con la incipiente, en el momento de realización del filme, corriente de la Teología de la Liberación.



Por lo que respecta a los actores, nos encontramos con un enorme Eduardo Fajardo, en uno de sus escasos papeles protagónicos, dando vida de forma magistral al bandido Malpelo un hombre primitivo y tosco que ha hecho de la ley natural, la supervivencia de los fuertes, su norma de vida; pero que irá evolucionando tras conocer a Diego tomando conciencia del verdadero sentido del proceso revolucionario e implicándose en la misión de éste hasta el final. Lástima que como Diego, el joven intelectual implicado en la revolución, nos encontremos con el desconocido actor George Carvell que resulta bastante soso aunque se ve en este caso beneficiado por la labor de doblaje de Simón Ramírez. Junto a ellos una esforzada, aunque muy lejos de sus mejores interpretaciones, Charo López como Lupe, la amante de Malpelo que se verá atraída por la figura de Diego, y un veterano José Nieto aportando su oficio a la figura del capitán Orozco, el encarnizado perseguidor de los dos protagonistas

En resumen un interesante spaghetti, más por lo que apunta que por los resultados obtenidos, que se ve desgraciadamente lastrado por una paupérrima producción, pero con los suficientes aciertos para que sea recomendable su visión.


Fuentes:



MALPELO Y CIEMPOZUELOS

Como otros tantos spaghetti wester rodados en nuestro país siempre los exteriores tienden a grabarse en Almería y en Ciempozuelos. Aunque en ninguna base de datos de cine, ni documentación sobre las localizaciones aparezca Valdelachica de Ciempozuelos y su antiguo fuerte como lugar de rodaje, sabemos por la información facilitada por los lugareños que se han grabado multitud de cintas en los lugares mencionados así como en la vega del Jarama, las Salinas de Espartinas, en Butarrón y los distintos Sotos próximos a Titulcia, debido al paisaje semidesértico y parecido a lo que en esos tiempos imaginábamos que era el Oeste Americano y México. Tanto en los fotogramas adjuntos como en el pequeño recorte que hemos hecho de la cinta se pueden apreciar claramente estas localizaciones mencionadas. Probablemente la cercanía del municipio a Madrid es un recurso que junto con las características del paisaje ha sido determinante para salvar alguna escena, o realizar algunos arreglos de última hora en este tipo de cine de bajo presupuesto.

En este caso "San Juan de Chipango" es el fuerte de Valdelachica.









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